• Mabi

SUFRIR UNA AGRESIÓN SEXUAL (¡SORORIDAD, HERMANAS!)

Hace unos días leía en prensa que el Ministerio de Igualdad abrirá centros de atención integral a mujeres víctimas de violencia sexual que funcionarán 24 horas todos los días del año con atención psicológica, jurídica y social para víctimas y familiares. Es una buena noticia para quienes viven este duro trance.


Yo misma sufrí un ataque volviendo de clase a casa un invierno en los ochenta. Fue alrededor de las 20 horas y tuvo lugar en un trayecto peatonal en medio de un parque por donde pasaba poca gente, y que entonces estaba bastante peor iluminado que ahora. Lo recuerdo perfectamente, aunque entonces tenía 19 años. También recuerdo la cara de mi agresor. Como vivía cerca de mi casa no me atreví a denunciar. Eran los ochenta y la sociedad no tenía ni los conocimientos ni la concienciación que existen ahora (y aún nos faltan). Lo que son las cosas… años después volví a verlo en mi propia casa transportando un mueble que habíamos comprado mi pareja y yo…


Rememoré aquel tiempo que se me hizo eterno (no sé cuánto duró la agresión), con aquel chico tumbado sobre mi cuerpo tras empujarme y tirarme sobre la hierba, el miedo a que sacara un cuchillo y que la cosa fuera a peor, el forcejeo, la oscuridad, la soledad... Yo primero opté por intentar calmarlo y negociar. Le dije que si quería quedábamos para tomar algo tranquilamente. Como se ponía cada vez más agresivo, física y verbalmente, comencé a gritar, cosa que no le gustó nada. Volví a intentar negociar y entonces vi que venía alguien a lo lejos por lo que empecé a gritar de nuevo pidiendo ayuda. Me insultó y me gritó literalmente: “¡Joder, tía, solo quería tocarte las tetas!”. Corrí hasta llegar a casa (estaba a unos cinco minutos). Entre el frío que hacía, lo que había gritado y el miedo que llevaba encima no podía ni hablar y cuando comencé a explicarle a mi madre lo ocurrido, estaba afónica. Pasaron muchos días hasta que perdí el miedo a repetir aquel recorrido… Soy consciente de que podía haber sido mucho peor, como les ha ocurrido a muchas mujeres de todo el mundo.



QUÉ ES UNA AGRESIÓN SEXUAL


Siguiendo la definición de la International Society for Sexual Medicine, una agresión sexual es cualquier tipo de contacto sexual no deseado que tiene lugar sin el consentimiento o permiso de una persona. Algo que puede sucederles a personas de todas las edades, identidades de género y orientaciones sexuales.


Algunas formas comunes de agresión sexual incluyen:

• Violación. Penetración forzada de la vagina o el ano con una parte del cuerpo (pene, dedo) u objeto. El intento de violación también es una agresión sexual.

• Sexo oral no deseado.

• Toques no deseados. Agarrar o acariciar parte del cuerpo de alguien sin permiso es una agresión sexual.

• Actos sexuales forzados. La fuerza puede ser física pero también emocional o psicológica. Por ejemplo, la amenaza con violencia hacia la víctima o la familia de la víctima.


El consentimiento es uno de los componentes más importantes de la actividad sexual. Las personas involucradas deben estar, claramente y sin duda, de acuerdo con las acciones que se llevarán a cabo. Si no lo están, se pueden negociar ciertos aspectos del encuentro, pero si no pueden resolver el problema, el encuentro no debería tener lugar. El consentimiento es necesario para todos los aspectos de un encuentro sexual. Por ejemplo, si uno de los miembros de la pareja no desea dar o recibir sexo oral, esa práctica no debería producirse.


A menudo, las víctimas de agresión sexual conocen a su agresor o agresora: una persona de la propia familia, alguien de las amistades, una persona conocida, una cita, la propia pareja, alguien con quien se comparte piso o una persona de la vecindad.


La agresión sexual puede tener graves repercusiones, tanto físicas como psicológicas. Algunas víctimas se vuelven ansiosas y temerosas o les cuesta confiar en los demás. Otras se culpan a sí mismas por lo sucedido cuando la agresión sexual NUNCA es culpa de la víctima, solo quien agrede es culpable. La autoestima puede resultar dañada. Muchas personas tienen pesadillas con relación a su experiencia.


No me cansaré de repetir que una adecuada educación sexoafectiva adaptada a la edad y capacidad cognitiva de cada persona contribuirá, sin lugar a duda, y entre otros beneficios, a reducir estas agresiones.



QUÉ HACER EN CASO DE SUFRIR UNA AGRESIÓN SEXUAL


Tras una agresión lo primero es dirigirse al hospital o centro de salud más cercano sin cambiarse de ropa. Allí la víctima recibirá apoyo físico y psicológico. Acudir a un centro hospitalario es de vital importancia para poder realizar lo antes posible el reconocimiento médico, ginecológico y forense necesario. Este último aspecto es muy importante, sobre todo, en el caso de violaciones, ya que la recogida de muestras es fundamental para demostrar la culpabilidad del agresor. Además, así se podrán tomar medidas frente a embarazos no deseados o infecciones de transmisión sexual. En el mismo centro hospitalario informarán a la persona sobre los trámites a realizar para interponer la denuncia ante cualquier cuerpo de policía.


Poco más de la mitad de estas agresiones se denuncia debido a diferentes razones. Una de ellas, obviamente, es el miedo. Otra, es el hecho de que aún hay quienes discriminan y estigmatizan a las víctimas en lugar de al agresor. Incluso hay quien considera que no es algo tan importante como para denunciarlo. Sin olvidar que interponer una denuncia implica volver a narrar y, por tanto, a revivir la violación con las consecuencias psicológicas que conlleva. Hemos de concienciarnos de que la denuncia es parte del proceso de recuperación y una muestra de valentía y solidaridad con otras víctimas.



CENTROS DE ATENCIÓN A MUJERES VÍCTIMAS DE VIOLENCIA MACHISTA


Este tipo de centros se crea en virtud del denominado Convenio de Estambul, aprobado en 2011 y ratificado por España en 2014. Este convenio amplía la consideración de víctimas de violencia machista más allá de la que sufren las mujeres maltratadas por sus parejas o exparejas. Estarán dirigidos a víctimas de agresiones sexuales, mujeres sometidas a matrimonios forzosos y mutilaciones genitales, quienes hayan sufrido acoso sexual, exhibicionismo o provocación sexual, prostitución “ajena”, proxenetismo, explotación sexual, trata con fines de explotación sexual, acecho o acoso reiterado por razón de género o feminicidio sexual.


El funcionamiento de estos centros implicará una atención integral (psicológica, jurídica y social) para víctimas y familiares, a cualquier hora y durante todos los días de la semana. Se espera que, como muy tarde, estén en funcionamiento para 2023 y se encuentren en todas las provincias y en las ciudades de Ceuta y Melilla.


Aunque, como he mencionado anteriormente, también los hombres sufren agresiones sexuales, lo cierto es que el número de casos en los que la víctima es mujer es ostensiblemente mayor.


Por eso me despido con un ¡SORORIDAD, HERMANAS! ¡CUIDÉMONOS Y APOYÉMONOS UNAS A OTRAS!

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